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LA YEGUA QUE DESAPARECIÓ

 

Christine es una mujer alemana muy muy guapa, que un día conoció a un rico hombre de negocios francés. Se casó con él y fueron a vivir a una gran mansión que él tenía a las afueras de Aix-en-Provence.

Allí tuvieron tres hijas. A la menor de ellas, Anne Marie, le encantaban los caballos y su padre al cumplir los 12 años le regaló una hermosa yegua.

Por lo que imagino sería una de pura raza, pues en aquella familia el lujo y el dinero no escaseaban.

Un día Christine, la madre, le dijo a Anne Marie que quería salir a dar un paseo a caballo. Anne Marie la acompañó hasta las cuadras y notó que su yegua estaba muy nerviosa. “Mamá -le dijo-, vete con cuidado y ponte el casco”, pero Christine que sólo quería dar un paseo pensó que no hacía falta.

Por el camino la yegua empezó a comportarse de forma muy extraña, Christine no podía controlarla!! Y finalmente pasó lo peor. Christine perdió por completo el control de la yegua y ésta la lanzó contra el suelo. El impacto en la cabeza fue brutal y quedó tendida en el camino.

Anne Marie, que estaba en la casa, intranquila y preocupada, se dió cuenta de que su madre tardaba demasiado en volver, fué a buscar al mozo de las cuadras y le dijo que fuera a ver si la encontraba.

 La encontró. Tendida en el suelo, sin conocimiento y la yegua no estaba.

Llamó a la ambulancia y se la llevaron al hospital de Niza. Allí les dijeron que estaba en coma y que poco podían hacer por ella.

Mientras, la yegua había vuelto a casa.

Pasados un tiempo y viendo que nada mejoraba el marido optó por montarle una habitación de hospital en casa con su propio médico y enfermeras que la atendían 24 horas.

Anne Marie no despertó nunca más. Y la yegua desapareció por completo de sus vidas, nadie sabe lo que se hizo con ella.

Pasados unos años Anne Marie que nunca más había montado un caballo, se casó. Ella siempre había querido tener un caballo pero no se atrevía. Se compró uno, pero sólo lo cuidaba, nunca se atrevía a montarlo. Era un caballo muy bonito pero si alguna vez ella había intentado ponerle la silla él se resistía y se encolerizaba.

Un día Anne Marie fue a la cuadra decidida a montar a su caballo pero cuando lo vió no se atrevió, y entonces echó a llorar desesperadamente abrazada al caballo. Este muy quieto estuvo todo el rato cabizbajo y tranquilo permitiendo que su dueña llorara abrazada a él. Entonces Anne Marie, ya más calmada, le explicó lo que había sucedido a su madre y como la perdió.

El caballo no se movía, estaba muy tranquilo, escuchándola y entonces ella le pidió permiso para montarle. El caballo permanecía inmóvil como dándole permiso y entonces ella sin silla ni nada subió a su lomo y salió a pasear montada en él.

Desde aquel día Anne Marie y sus hijas pequeñas salen a montar a caballo y este siempre, siempre les permite que lo hagan, obedeciendo sus instrucciones y alegrándolas con tranquilos y apacibles salidas por los campos de lavanda que hay en los alrededores de su casa.

Nuestros animales empatizan con nuestras emociones y situaciones haciéndonos de espejo.

Anne Marie aunque tenía ganas de montar su caballo estaba presa por el miedo y el impacto emocional del recuerdo de lo que le había sucedido a su madre.

Al volver a revivir ella esa situación de miedo y pérdida, tuvo la oportunidad de soltar toda la emoción reprimida tantos años .Llorando y luego expresándolo con palabras a su caballo liberó la emoción limitante.

Esta acción de revivir la situación de conflicto y “soltarla” es de por sí sanadora y es por esto que el caballo también pudo conectar con ese resentir oculto y abandonar su rebeldía que, en el fondo no era más que el miedo y la tristeza que sentía su dueña y que con amor su caballo le mostraba.

 

Si te ha gustado puedes comentarlo y compartirlo , gracias de corazón.

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